Farandula y Noticias
miércoles, 9 de junio de 2010

El iPhone 4

El iPhone de Apple toma distancia de sus rivales

Con características nuevas, la empresa de un paso adelante


El nuevo iPhone 4, que fue presentado anteayer por el consejero delegado y cofundador de Apple, Steve Jobs

WASHINGTON (“The Washington Post”).— El iPhone de Apple toma distancia del pelotón de teléfonos que emplean software de su rival Google Inc., gracias a sus nuevas características para videoconferencias, una pantalla más nítida y una serie de 225,000 aplicaciones, indican los analistas del ramo.

El iPhone 4, dado a conocer anteayer por Steve Jobs, cofundador y consejero delegado de Apple, es más delgado, tiene mejor resolución y añade una cámara frontal. Ofrece también nuevo tipo de cristal y un borde de acero inoxidable diseñado, según Apple, para mejorar la recepción de redes.

Apple cuenta con este producto para mantener a raya la creciente competencia de Android, el sistema operativo diseñado por Google para smartphones. La evolución del iPhone es lo suficientemente rápida para alejarse de la competencia, no obstante que la nueva versión carece de grandes sorpresas, señala William Kreher, analista de Edward Jones.

“Siguen siendo líderes en innovación tecnológica”, agregó. “Aunque no tenga nada realmente revolucionario, pienso que Apple dio un buen paso adelante”.

El iPhone fue el smartphone número dos en el mercado de Estados Unidos en el primer trimestre, con una cuota de 28%, en tanto que Research In Motion Ltd. (fabricante de los celulares BlackBerry) quedó en primero, con una cuota de 35%, y los aparatos con el sistema Android representaron 9%.

Aunque ya se habían filtrado algunas de las mejorías del iPhone 4, la actualización le confiere capacidades exclusivas, según Shaw Wu, analista de Kaufman Bros. LP.



“Las nuevas características el software lo diferencian de la competencia”, señaló.

Sin embargo, las nuevas capacidades aún están limitadas. El programa de videollamadas, denominado FaceTime, estará limitado a redes WiFi por ahora. Eso significa que los clientes no podrán hacer videollamadas por AT&T, el operador inalámbrico exclusivo de los iPhones. Y aunque el teléfono puede aprovechar las redes de cuarta generación, AT&T no tendrá lista la tecnología sino hasta mediados del año próximo.

Cuando apareció en 2007 el primer iPhone, su diseño de pantalla táctil e interfaz con base en aplicaciones sacudió el mercado. Research In Motion y otros fabricantes de móviles se apuraron en incorporar similares características a sus aparatos. Desde entonces, los vertiginosos avances en el sector han hecho cada vez más difícil que otros se sumen a la carrera, explica Charles Golvin, analista de Forrester Reseach Inc.

El iPhone es ahora el principal producto de Apple, al generar ingresos de casi 40% el trimestre pasado, más que la computadora Macintosh. La compañía tiene tres productos que nutren la venta de aplicaciones: el iPhone, el iPod Touch y el iPad. Este mes, Apple habrá vendido 100 millones de estos aparatos, en conjunto.

Steve Jobs afirmó anteayer que hay más de 225,000 aplicaciones disponibles. La compañía pagó más de 1,000 millones de dólares a desarrolladores, quienes reciben una tarifa de 70% de los programas que se venden en la tienda de Apple. En tanto, los desarrolladores de Android, sólo han creado unas 50,000 aplicaciones, de acuerdo con Sanford C. Bernstein & Co.

John Wooden

John Wooden y la pirámide del éxito

CREO pertenecer a la generación de entrenadores de baloncesto (entrenador hibernado en mi caso) que aprendimos el lado magistral de nuestro deporte a partir de pocas certezas y muchas leyendas. Entre las segundas figuró siempre la de John Wooden, quien iniciado los años ochenta ya era un veneradísimo entrenador retirado tras ganar lo que nadie: 10 títulos con el mismo equipo de la Liga universitaria de los Estados Unidos.
Bajo su mando, la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) alcanzó la categoría de mito y de paso hizo inmortal e imperecedero un movimiento de ataque (el corte de UCLA) tan elemental como seguro de éxito para los que entienden este deporte desde la sencillez de los conceptos.

Wooden murió el viernes pasado a punto de alcanzar los 100 años de vida. En octubre próximo los hubiera cumplido. La longevidad ha hecho aún más grande la talla de una persona considerada fundamental para explicar la capacidad del baloncesto para ser lo que es ahora en menos de un siglo: uno de los tres deportes más practicados en Estados Unidos y el segundo en el mundo tras el fútbol.
El legado de Wooden trascendió de lo deportivo y devino clave en la formulación de cualquier trabajo de equipo. Su archiconocida «pirámide del éxito» contiene un basamento de cinco elementos -diligencia, amistad, lealtad, cooperación y entusiasmo- a partir de los cuales el entrenador mezcló la masa exitosa en la que llegó a convertirse el baloncesto de UCLA, curiosamente -quizá en prueba de que la paciencia y la fe en los principios tiene recompensa- cuando ya pasaba de la cincuentena.

Los cinco principios de Wooden -puede que quinteto como un guiño hacia el número de jugadores con los que se juega al basket sobre una pista- son perfectamente aplicables a cualquier actividad que requiera de la participación de más de una persona (la diligencia y el entusiasmo, incluso, rinden beneficio inmediato para las acciones en solitario), de tal modo que en estos tiempos de zozobra, de crisis económica y social, se revelan útiles.
Como cualquier fundamento teórico, sin la práctica y el entrenamiento adecuados no se perfeccionan, como tampoco garantizan el éxito porque el mismo talento de las personas y los factores exógenos o ambientales -el rival, la afición o los árbitros en el caso del baloncesto- también condicionan el resultado final de cualquier proceso desarrollado en común.
De hecho, Wooden se cuidó siempre de evitar asociar su «modus operandi» con el término éxito como único premio reconocido. «Me importa más el viaje que el final del camino», dijo en más de una ocasión, queriendo explicar lo que su jugador Doug Mcintosh resumió con sencillez: «Sólo nos pedía jugar al máximo de nuestro potencial». La frase no es un apósito antes de la herida como la constatación de que en el trayecto hacia el 100 puedes llegar a 50 y sentirte satisfecho si durante el mismo diste lo mejor de ti.
Alrededor de los cinco principios de Wooden y de la idea resumida por Mcintosh bien pudieran construirse las estrategias para hacer frente en una mejor disposición a la larga marcha que nos espera hasta que consideremos saldada esta crisis, aún desconociendo en este caso cuál es la estación término.

Diligencia. Para hacer cada tarea, por pequeña o intrascendente que parezca, con el celo y la curiosidad debida. Amistad, entendida siquiera como una cierta empatía para no abominar del entorno a la primera. Lealtad para no esperar del prójimo lo que no esperas de ti mismo. Cooperación: imprescindible para tareas grupales. Y entusiasmo, todo el entusiasmo que nos falta a diario y, especialmente, en estos lunes en los que las malas noticias parecen acumularse para recordarnos que la pausa del fin de semana es simplemente la calma que precede a esta tempestad de disgustos cuyos primeros aguaceros tratamos con un desdén propio de los que sólo viven para tumbarse al sol.