Muerte del Actor Norberto Díaz
El sábado a la tarde, mientras dormía la siesta, murió sorpresivamente Norberto Díaz. El actor, que tenía 58 años, había sufrido en los últimos tiempos complicaciones gastrointestinales -vinculadas a una intervención quirúrgica a la que había debido someterse hace dos años- que lo habían obligado a faltar a varias funciones de El conventillo de la Paloma en el Teatro Cervantes. Pero nada hacía prever este final: la semana pasada había estado grabando capítulos de El elegido , (la tira protagonizada por Pablo Echarri que se verá en 2011 por Telefe) y tenía planeado continuar en el elenco del sainete de Alberto Vaccarezza, que en marzo vuelve al escenario del Cervantes.
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Hasta los 18 años no tenía intenciones de ser actor: intentaba empezar la carrera de Psicología mientras militaba en la Juventud Peronista. Pero siguiendo los pasos de una novia, empezó a tomar clases de teatro y descubrió su vocación. Su “primer amor en el viaje del aprendizaje”, según él mismo contaba, fue Hedy Crilla; después siguió formándose al lado de Lito Cruz y Augusto Fernandes. De 1976 a 1980 formó parte del Grupo de Repertorio, dirigido por Agustín Alezzo: allí protagonizó sus primeros trabajos, como Sólo 80 , Tiempo de vivir o Despertar de primavera . En esa época participó del Teatro Abierto.
Mientras sus trabajos teatrales continuaban, fue convocado a la televisión, el medio que, pese a que nunca dejó de lado su perfil bajo, lo haría una cara conocida para el gran público. Debutó en División Homicidos , de José Slavin, y luego participó en telenovelas como Trampa para un soñador y prestigiosos ciclos, como Nosotros y los miedos , Compromiso , ¿Qué nos pasa, che? o Situación límite . También aparecería en películas emblemáticas del cine nacional de los ‘80, como No habrá más penas ni olvido , Darse cuenta y Sentimientos. Mirta, de Liniers a Estambul , de la que fue protagonista junto a Emilia Mazer. Pero sería la televisión el medio que lo afianzaría en el imaginario popular, con su papel en Hombres de ley , junto a Federico Luppi y Rubén Stella.
Su profesión también le dio una familia: de su matrimonio de nueve años con la actriz Alejandra Abreu, en 1986 nació su hija Manuela, también actriz. En los años ‘90 sufrió vaivenes laborales, pero nunca bajó los brazos y empezó a trabajar con frecuencia en telenovelas. Sobre todo a partir de su recordado Darío Servente, de Ricos y famosos , empezó a ser convocado para interpretar villanos, en tiras como Muñeca brava , Yago o Collar de esmeraldas . Y se dio un gran gusto actuando en El faro , película de su amigo Eduardo Mignogna. Dos de las últimas obras en las que actuó fueron Las chicas del calendario y El diario de Anna Frank .
Hincha de Huracán, el Gallego será recordado como un buen tipo que decía frases como esta: “Antes que la popularidad, yo creo que lo más importante es que el actor pueda contribuir al enriquecimiento cultural de su pueblo”.
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Hasta los 18 años no tenía intenciones de ser actor: intentaba empezar la carrera de Psicología mientras militaba en la Juventud Peronista. Pero siguiendo los pasos de una novia, empezó a tomar clases de teatro y descubrió su vocación. Su “primer amor en el viaje del aprendizaje”, según él mismo contaba, fue Hedy Crilla; después siguió formándose al lado de Lito Cruz y Augusto Fernandes. De 1976 a 1980 formó parte del Grupo de Repertorio, dirigido por Agustín Alezzo: allí protagonizó sus primeros trabajos, como Sólo 80 , Tiempo de vivir o Despertar de primavera . En esa época participó del Teatro Abierto.
Mientras sus trabajos teatrales continuaban, fue convocado a la televisión, el medio que, pese a que nunca dejó de lado su perfil bajo, lo haría una cara conocida para el gran público. Debutó en División Homicidos , de José Slavin, y luego participó en telenovelas como Trampa para un soñador y prestigiosos ciclos, como Nosotros y los miedos , Compromiso , ¿Qué nos pasa, che? o Situación límite . También aparecería en películas emblemáticas del cine nacional de los ‘80, como No habrá más penas ni olvido , Darse cuenta y Sentimientos. Mirta, de Liniers a Estambul , de la que fue protagonista junto a Emilia Mazer. Pero sería la televisión el medio que lo afianzaría en el imaginario popular, con su papel en Hombres de ley , junto a Federico Luppi y Rubén Stella.
Su profesión también le dio una familia: de su matrimonio de nueve años con la actriz Alejandra Abreu, en 1986 nació su hija Manuela, también actriz. En los años ‘90 sufrió vaivenes laborales, pero nunca bajó los brazos y empezó a trabajar con frecuencia en telenovelas. Sobre todo a partir de su recordado Darío Servente, de Ricos y famosos , empezó a ser convocado para interpretar villanos, en tiras como Muñeca brava , Yago o Collar de esmeraldas . Y se dio un gran gusto actuando en El faro , película de su amigo Eduardo Mignogna. Dos de las últimas obras en las que actuó fueron Las chicas del calendario y El diario de Anna Frank .
Hincha de Huracán, el Gallego será recordado como un buen tipo que decía frases como esta: “Antes que la popularidad, yo creo que lo más importante es que el actor pueda contribuir al enriquecimiento cultural de su pueblo”.
Fuente : clarin.com
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